Cuantas veces, en esta era de zumos verdes, fitness y hashtags #veggies, no han aparecido en primer plano dudas cómo: “y los vegetarianos ya ingieren suficiente proteína?” o “cómo vas a desarrollar músculo sin tomar productos cárnicos?”. Preguntas, que no son más que el reflejo de nuestras ideas preconcebidas.

Pues bien, hoy traigo gracias a este genial artículo  de Ligia Maria Orellana, una recopilación de las asociaciones mentales que hacemos respecto a una dieta vegetariana y una dieta con carne.

En concreto el estudio da voz a jóvenes universitarios de Chile. Por un lado, cuando piensan en “comer carne” lo primero a lo que lo asocian es a la obtención de proteínas y en segundo orden a los “asados” que para nosotros sería el equivalente a las barbacoas. Este primer resultado es curioso teniendo en cuenta que lo primero que se pone en duda en las dietas vegetarianas es si el aporte de proteína es el suficiente.

Por otra parte, el “vegetarianismo” se asocia con verduras, y en segundo lugar con “saludable“. Es llamativo que principalmente se asocie a un estado saludable, seguido de otros conceptos cómo “delgada” cuando incialmente la dieta vegetariana crea serias dudas sobre su sostenibilidad en el tiempo.

Cabe decir, que en porcentajes menores hacían también referencia a atributos personales asociando “vegetariano” con “hippie” o “revolucionario“.

Esta asociación tampoco tiene porque extrañarnos. ¿Sabíais que el consumo de carne está a su vez altamente relacionado con masculinidad poder?

Efectivamente, lo que nos muestra este tipo de análisis es como nuestras elecciones alimentarias pueden llegar a definirnos ante el resto de la comunidad. Y como a su vez las influencias externas y la presión social pueden decantarnos por una opción u otra.

Otro ejemplo más de que la alimentación va mucho más allá de lo que encontramos en el plato.

“A la próxima barbacoa, me llevo dos pimientos rojos”

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