Gracias a la nueva sociabilización de cuarentena, he tenido el placer de descubrir Libia.

Cada tarde cuando salía al balcón coincidía con unas niñas alegres y dicharacheras en el balcón del edificio contiguo. La media sonrisa y el saludo lejano dio paso al clásico: y tú, ¿cómo te llamas?

Poco a poco, la discreción y compostura se fue perdiendo para dar paso a bailes esporádicos, recitales de cuentos y poemas, y aprendizaje mutuo.

Con solo siete años, Beilásan, me cuenta entusiasmada todo lo que sabe sobre Libia. Recuerdo la primera vez que puntualizó: “yo nací aquí, pero soy árabe, sabes?”. Y a continuación me contó con expresión de adulta consternada: en Libia ahora tienen guerra, tienen virus, ¡bff! – resoplaba – pero ahora vienen unos de fuera para ayudar”.

Cuando me cuenta estas cosas siempre me asalta la misma duda ¿hasta qué punto entiende lo que conoce?  

Por supuesto también hemos intercambiado idiomas. Yo le enseñé en hebreo una de mis expresiones favoritas: “sus menatzeach lo mahlifim”, que quiere decir literalmente “no se cambia al caballo ganador”. Ella por su parte me ha enseñado expresiones en árabe. La última suena como: “Kola’am omtojer”. Digo suena, porque soy incapaz de transcribirla. Aunque puedo deciros que, según mi joven fuente, es la forma de desear un feliz día de Ramadán a tu familia justo antes del primer bocado al anochecer.

Balcones por Javier Gutierrez Acedo

RAMADÁN

La mayoría conocemos Ramadán, aunque pocos nos hacemos a la idea de lo que conlleva. Para empezar ramadán es en sí mismo el nombre del noveno mes del calendario islámico. Durante 29 o 30 días, a razón del calendario lunar, ningún alimento ni bebida, ni siquiera agua, son tomados desde el amanecer hasta el atardecer. El ayuno recibe el nombre de rozah o swam en árabe. Personalmente sólo he celebrado en mi vida una jornada así y fue por Tisha b’Av el pasado agosto. Aún y contando con aire acondicionado y muy buenas condiciones al cabo de unas 16 horas sin beber agua mi cabeza empezó a reclamar atención. No acabo de imaginarme el reto durante 29 días seguidos, aunque sí la gran satisfacción personal y elevación espiritual al finalizarlo.

Durante los días de ramadán hay dos momentos únicos alrededor de la mesa: Sehar e Iftar.

Sehar o suhoor es el momento antes del alba en el que está permitido comer y beber. Desde las mezquitas se despierta a la comunidad, en ocasiones, como en las calles de Jerusalem, algunos voluntarios despiertan a la comunidad al son de un tambor siguiendo una tradición centenaria. En casos como los de mis vecinos de Libia lejos de cualquier mezquita o comunidad islámica, reciben el aviso a través del móvil. Según Beilasán: “D-os nos habla por el teléfono. Cuando habla quiere decir que podemos comer”. Cabe decir que los niños no empiezan a ayunar hasta los 12 años, pero ella aún sin ayunar vive con sobrado entusiasmo los rituales diarios de Ramadán.

Este año siendo atípico en todo el mundo, las mezquitas están cerradas y los encuentros limitados o totalmente prohibidos. Esto ha impedido los rezos comunitarios y las reuniones familiares, pero no que los platos tradicionales inunden las cocinas.

Al amanecer, el qatayef asafiri originario del norte de áfrica, está presente en muchos hogares. Consiste en una apetitosa masa rellena de crema y frutos secos. Su dulzura tiene una misión clara: proporcionar energía para toda la jornada.

El otro gran momento es: Iftar, la gran y esperada cena después del atardecer.

Lo tradicional es romper el ayuno tanto en Suhoor como en Iftar tomando dátiles. En el caso de mis vecinos de Libia, así lo hacen. Además, en su casa abundan los batidos de frutas, pancakes y harissa, una salsa un poco picante a base de tomate y pimiento rojo, que sorprendentemente las niñas de la familia aman.

Con esta nueva forma de socializar se me ocurrió preguntar por internet a otros vecinos de mi ciudad que celebran Ramadán cuáles eran sus platos favoritos. A aparte de los indispensables dátiles, me hablaron de la chebakia, un dulce frito con miel y canela, las baghrir, un tipo de crepe que Mónica nos cuenta siempre acompaña con té, el briwat de pollo o la pastela, una preparación de hojaldre rellena de carne y almendras cubierta de azúcar. Y por supuesto, la famosa: harira. Esta sopa también originaria del norte de África está hecha generalmente a base de legumbres, carne y tomate. Tal y como nos comenta Reda, harira: “es de los favoritos no sólo por el sabor sino por sus ingredientes. Permite recuperar vitaminas, proteína y carbohidratos perdidos durante el ayuno.”

Sopa Harira de legumbres.

Pastela de carne y almendras recubierta con azúcar

Crepes baghrir.

AYUNO, ESPIRITUALIDAD Y PUREZA A LO LARGO DE LAS RELIGIONES

Aunque nos hemos deleitado con los platos típicos lo cierto es que el ayuno es el protagonista absoluto del Ramadán. En palabras de Jordi Moreras, antropólogo especializado en el Islam, la abstinencia en Ramadán tiene lugar mucho más allá de la comida:

“El ayuno no es sólo físico. Se dice que la lengua también tiene que hacer Ramadán: las palabras y los gestos deben ser contenidos, y aunque están prohibidos siempre, especialmente en estas fechas no son adecuados los insultos ni las agresiones”.

El ayuno cómo período de purificación y elevación espiritual está presente a lo largo de diferentes religiones y credos. Hinduistas, budistas, devotos de krishna y también las principales religiones monoteístas cuentan con esta práctica entre sus deberes.

En la rama católica, por ejemplo, el ayuno consiste en tomar una sola comida al día el miércoles de ceniza y el viernes santo y abstenerse de consumir carne todos los viernes de Cuaresma. La motivación principal del ayuno en el cristianismo es la de arrepentirse por los pecados, y honrar así, especialmente durante el Viernes Santo, el sacrificio de Jesús.

Por su parte, el judaísmo cuenta con 5 días al año dónde se lleva a cabo el ayuno. Uno de los más sagrados es Iom Kipur. Durante 25 horas se hace total abstención de alimentos y agua y se destina el día a la oración, la reflexión y el ayuno. Esta jornada también denominada día del perdón hace hincapié en la evaluación del propio comportamiento y el arrepentimiento por las posibles faltas cometidas. En este caso se desea: Gmar hamita tová, que D-os pueda ver la bondad en tu corazón y siga regalándote la vida un año más.

El caso del Ramadán es el período más largo de ayuno entre las religiones monoteístas y termina este sábado 23 dando paso a Eid al-Fitr, la celebración de su fin.

Beilasán me hablaba contentísima de su vestido nuevo, ya que es tradicional estrenar ropa, y también de cómo se perfumaría y acicalaría para Eid al-Fitr. Su entusiasmo por el Ramadán, por Libia, por su familia y por la vida en general, es contagioso. Un buen bálsamo para días marcados por las mascarillas y las distancias. No obstante, entre apenada y confundida me decía: claro, tú como no eres árabe no lo celebras.

Me habría gustado empezar a explicarle que tampoco todos los árabes lo celebran y adentrarnos en ese puzzle inmenso que es la humanidad, pero pensé que ya habrá tiempo para abarcar toda la realidad que hay más allá de nuestros balcones.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.