Despedir una década en Israel y dar la bienvenida a la siguiente en Austria ha sido una gran oportunidad para saborear delicias típicas y quizá no tan típicas, de cada rincón.

En el caso de Israel me recibió Hanukkah, la fiesta de las luces, y sus diferentes preparaciones doradas por el aceite.

Sufganiot, preparación clásica en Hanukkah. Fuente: http://www.br.de

Cada día estaba lleno de latkes que son unas pequeñas porciones fritas de patata, huevo y harina, diferentes tipos de buñuelos y cómo no, las grandes estrellas los sufganiot.

Los sufganiot son un tipo de pastas que consisten en una preparación de masa frita, con abundante azúcar y rellenas de mermelada. Por lo que la contención es el mejor aliado en Hanukkah. En mi caso, por alguna razón desconocida, fui capaz de resistir a la tentación y a pesar de que en Israel se consumen unos 24 millones de sufganiot por estas fechas, conseguí comerme a penas dos a lo largo de toda la semana.

El recorrido navideño que se tomó mi paladar no acabó aquí. Tras despedir esos días de luz y frituras me dirigí a un encantador pueblo recién sacado de una postal. Se trataba de Lech en Austria. Rodeada por sus impresionantes montañas nevadas tuve la oportunidad de degustar una gran variedad de platos.

Lech, Austria.

A diario contábamos con ensaladas de patata, kartoffelsalat, pepinillos en vinagre, salchichas muy grandes y envueltas en bacon (que seguramente tiene un nombre más apropiado, pero “salchichas muy grandes” describen exactamente lo que sentí al verlas), ensaladas de pasta y muchos tipos de entrantes fríos que incluían zanahoria. Pero no fueron estas preparaciones al más estilo germano las que llamaron mi atención. Sino el postre especial con el que querían deleitarnos para fin de año: las berlinesas.

Berliner o Pfannkuchen

Su aspecto era tan parecido a los sufganiot, que mi primera reacción fue: oh! también aquí coméis sufganiot por navidad*? (*Decir navidad es mi versión resumida y cristianizada para referirme a esta época del año entre Hanukkah, navidad y fin de año en el calendario gregoriano).

Lo cual bien pensado parecía improbable pero rellenas de mermelada de albaricoque compartían no sólo el aspecto, sino el sabor y la textura.

Así que tuve que preguntar de nuevo si estaban seguros de que no eran sufganiot judíos, lo que me hizo ganar alguna mirada sospechosa y la siguiente respuesta: no, no, esto son berlinesas típicas de Berlín. Se comen sobre todo por Carnaval en febrero, no tiene nada que ver con los sufganiot ni navidad.

Me quedé reflexionando. Dos comidas no podían parecerse tanto sin haberse o bien cruzado o haber aprendido una de la otra. Así que no tuve más remedio que ponerme a indagar.

Indagué y encontré.

Resulta que los sufganiot cuentan con una primera mención histórica que nos traslada a una atmósfera completamente distinta. Se trata del poema rabínico Even Bohan que data del 1322 C.E. En él se describen las principales comidas presentes en festividades judías y entre ellas se cuenta con los sufganiot (1):

“En el noveno mes . . .

En honor a la Hasmonean . . .

Ellas prepararán la masa y harán diferentes comidas a partir de la mezcla de Havitz en la olla, y el porridge,

Por encima de todo ellas deberán tomar la harina fina

Y preparar sufganin isqaritin a partir de ella

Y la bebida deberá ser la apropiada para las festividades, con alegría en cada copa.”

Además, sabemos de la aparición de los sufganiot a través de otra fuente que me parece incluso más cautivadora. Se trata del libro apócrifo de Judith, Megillat Yehudit, dónde se relata como venció a un general enemigo griego a base de alimentarle con alimentos salados como los levivot de queso, provocando en él una sed inagotable que vería saciada con vino. Una vez ebrio y vulnerable, Judith lo asesinó. Posteriormente, para conmemorar dicha victoria Judith escribió detalladamente los alimentos que debían ser enviados como regalo para celebrarlo. Entre esa lista de preciados alimentos se encontraban: los sufganiot.

Estas dos referencias históricas nos llevan a situar los sufganiot entorno al 1300-1400. Así que sólo nos queda saber, cuando y donde aparecieron las berlinesas.

Para empezar su nombre es Berliner Pfannkuchen y también amo la leyenda relacionada. Nos cuenta que en época de Federico el Grande un cocinero quiso preparar algo en su honor. Decidió hacer unas masas con forma de bola de cañón y las preparó fritas por ser la única forma en la que podía cocinarlas a falta de horno. ¿Pero en qué fecha datamos las berlinesas si nos fiamos de esta leyenda? En el año 1756.

Así que sabiendo esto y siendo francamente difícil encontrar más fuentes bibliográficas que nos ayuden a situar el origen de las berlinesas, todo parece indicar que consiste en uno de esos típicos no tan típicos alimentos que le debemos al constante fluir e influir de la gente.

Lo que lo convierte en algo mucho más apasionante, en un bocado dulce de historia y encuentros.

Como siempre, el perfecto regalo para los que en un plato ven mucho más que comida. Nos vemos en futuros encuentros.

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