Recuerdo claramente lo que ocurría en muchos cumpleaños en mi época universitaria. Marta traía tarta de queso. Debo admitir que al principio no me gustaba nada. Realmente no acababa de entender su fama. ¿Qué la hacía tan maravillosa?

Era más o menos densa, completamente uniforme en sabor. No había una sorpresa interior, un cambio de ingredientes o de textura. Era una masa uniforme, blanquecina, dorada por arriba y suave al paladar.

Pero lo cierto es que no sé si me influenciaron los buenos recuerdos celebrando aniversarios con esta tarta, o si fue la forma en la que Marta explicaba lo fácil que era de hacer: “huevos, una tarrina de queso de philadelphia, nata, azúcar y poco más”. Pero antes de acabar la carrera caí rendida a sus pies. Tanto es así, que el año pasado yo misma la hice para mi cumpleaños.

Este recuerdo viene a mí en un día en el que la tarta de queso no falta en ningún hogar judío.

SHAVUOT Y SUS PRINCIPALES PLATOS

Hoy es Shavuot una festividad judía en la que se conmemora la entrega de la Torah. La tradición marca celebrar este día disfrutando de platos elaborados con lácteos. Esto es así para simbolizar las palabras bíblicas:

“y he dicho: Yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo, a una tierra que fluye leche y miel.”

Éxodo 3:17

Las preparaciones en Shavuot son diversas y con orígenes bien dispares. Podríamos empezar hablando de las bourekas: unos hojaldres rellenos de queso. Su origen se remonta a los judíos sefardíes. Éstos llevaron consigo lo aprendido de las empanadas españolas y las dotaron de una nueva personalidad bajo la influencia turca. Hoy en día, se pueden encontrar muchas variedades, de queso, queso con espinacas o incluso de berenjena. También la versión siria sambousak bi jibn, encontró un hueco en las mesas de judíos egipcios, porqué además eran más asequibles. Con unas clásicas de queso me despidió la madre de mi amiga de Ness Ziona en Israel.

Otro plato, en este caso un principal, es el Kugel Lokshen. Consiste en un “pastel” de noodles del que su versión con queso también reina en Shavuot. Su elaboración es sencilla, noodles, mantequilla, queso en crema, huevos, una pizca de nuez moscada y al horno. Esta receta por su lado, viajó entre Alemania y Polonia, conservando en su nombre yiddish-polaco las huellas de este viaje.

Respecto a los dulces, los más comunes son los blintzes y la tarta de queso. Los blintzes son unas crepes de origen húngaro que se rellenan con una mezcla hecha a base de requesón, queso en crema y ralladura de limón. Lo definiría como un término medio entre ligero y pesado marcado por el tipo de queso que más abunde en el relleno y su preparación al horno o frita. Aunque debo decir, que, en cualquiera de sus formas, es sencillamente delicioso.

Blintzes por Susánica Tam

LA PROTAGONISTA ABSOLUTA: CHEESCAKE O TARTA DE QUESO

Aun así, como os decía, existe una protagonista absoluta en Shavuot y es: la tarta de queso. Me atrevo a pensar que todos conocéis la tarta de queso y sus ingredientes básicos. No obstante, imagino que pocos la relacionáis con el paso de los judíos por Europa del este y su transición a América, Gran Bretaña y occidente. Pero es exactamente ahí, en esas migraciones, donde la tarta de queso encuentra su apogeo. El dónde, el cuándo y sobre todo, el cómo dió el paso a ser un postre amado mundialmente. O al menos por una buena parte. 

“Es a través de su reflejo en los ojos Americanos que la comida Judía del este de Europa se ha convertido en famosa en Israel” – Claudia Roden

Una de las personas que colaboraron en la expansión y la fama de la tarta de queso fue: Evelyn Rose. Británica de origen judío, columnista gastronómica y participante en la sección gastronómica judía de la BBC, llegó a crear versiones de la tarta de todo tipo: baja en calorías, refrigeradas, a base de galletas, con toppings de frutas e incluso de chocolate. Esa adecuación a las demandas del momento propició que la tarta de queso entrase entre los diez platos favoritos de Gran Bretaña en el 2002.

Además, puede que su paso por Estados Unidos, promoviese tu puesta al alza. 

Desde los inicios en los que las amas de casa eran las encargadas de hacer el queso casero hasta las innovadoras recetas que incluyen sabores como la naranja o sus versiones veganas sin queso, lo que ha permanecido inalterable es la fascinación que levanta esta receta.

Por esa razón, os dejo con una versión clásica recogida por Claudia Roden. Ahora queda en vuestras manos decidir si preferís trasladaros a una comunidad judía en Europa del Este, a una moderna sociedad en contra de las grasas o bien, quedaros en un punto intermedio, en mitad de ese cruce de caminos.

RECETA CHEESECAKE

Base:

Relleno:

Elaboración

1

Ponga en un bol la harina, la sal y el azúcar en un bol. Añada la mantequilla y mezcle con las manos.

2

 Ahora añada el huevo y bata hasta conseguir una masa homogénea. Puede añadir un poco de harina si está demasiado pegajosa. Envuélvala en un film transparente y deje reposar 30 minutos.

3

Unte un molde de 26 cm con mantequilla. Extienda la masa de la base por el fondo y ligeramente por los lados, sin alcanzar mucha altura.

4

Hornee inicialmente la masa vacía en el horno, precalentado, a 180 º C durante 30 min.

5

Para el relleno, mezcle el requesón con el resto de los ingredientes del relleno, excepto las claras. Bata las claras de huevo a punto de nieve y añádalas a la mezcla de queso. Una vez homogéneo, verter en el molde del horno.

6

Hornee durante 1h 30 min a 150 º C.

7

Deje enfriar lentamente en el horno con la puerta abierta.

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