Mucha Cuchara es una entidad de emancipación alimentaria con voluntad de ser comunidad. Las impulsoras son Marta y Caro. En tres palabras se definirían como: do it together, creen que juntos es mejor.

¿Qué plato sería Mucha Cuchara?

Para nosotras es muy difícil escoger un solo plato. Nos definen las diferentes influencias culturales, la mezcla, el estar abierto a probar cosas nuevas. Somos una iniciativa muy ecléctica.

Aun así, si tuviésemos que elegir uno sería un guiso porque es tradicional, de aprovechamiento y reconfortante a lo largo de las diferentes culturas en las que está presente.

¿Y alguna bebida?

En cuanto a bebida podríamos resumirnos en todas aquellas fermentadas. Con ello abarcaríamos desde el vino o la cerveza hasta la kombucha pasando por el té o el café, que también pasan por una fermentación.

Desde Mucha Cuchara habláis de la cocina como una herramienta de transformación social. ¿En qué forma creéis que ayuda a crear un cambio?

A través del lema, fem-ho juntes o hagámoslo juntas, nos alejamos de la individualidad y defendemos un cambio de modelo poniendo en cuestión las lógicas del sistema.

Al mismo tiempo, creemos que tanto la cocina como la alimentación tienen fuertes implicaciones políticas y que tomando decisiones en lo que a ella respecta, qué comemos, cómo se fabrica y se cocina, también estamos provocando cambios.

Uno de los conceptos que veo más a menudo en vuestras publicaciones es el de cures o cuidados. ¿Qué son los cuidados? ¿Y qué tienen que ver con un proyecto de emancipación alimentaria?

El concepto de cuidados se acuña en la economía feminista y es la idea de que la economía en general pone en valor las esferas productivas remuneradas, pero menosprecia e invisibiliza aquellas tareas no retribuidas que se producen en el seno del hogar. Además, en el caso de mercantilizarse también se hace de forma muy precaria perpetuando las desigualdades de nuestra sociedad.

A nosotras nos interesa mucho porque todo lo relacionado con la cocina y los alimentos suele estar muy ligado a los cuidados. Cuando visibilizamos quién cocina y quién cuida estamos apoyando a que estas tareas extensas y necesarias, mayormente realizadas por mujeres, ganen visibilidad y tengan la importancia que merecen.

Es importante recordar que, sin cuidados, no podemos vivir, son una necesidad humana desde que nacemos hasta que morimos.

¿Qué rol tiene actualmente la cocina en la mayoría de las casas? ¿Consideráis que metiéndonos más en la cocina se pueden abrir nuevos debates?

Respecto al rol que tiene la cocina es interesante enfocarlo desde el prisma actual de “modernidad”. Hoy en día se le ofrece a la población la posibilidad de poner en manos de la industria alimentaria parte del trabajo que se realizaba en la cocina. En cierta forma se subcontrata a la industria para ahorrarnos tiempo.

Nosotras somos críticas con este funcionamiento ya que poner en manos de la industria alimentaria nuestra alimentación no ofrece garantías de que sea un proceso hecho precisamente con cuidado. La legislación es muy laxa y hay ciertos alimentos que son considerados aptos cuando cuentan con un valor nutricional muy discutible e ingredientes que pueden llegar a ser dañinos para la salud.  

Consideramos que es positivo poner de relevo esta realidad y mostrar como dedicar más horas a trabajos de cuidados, como cocinar, puede ser emancipador. De tal forma que se plantean escenarios en los que reapropiarnos de los procesos relativos a la alimentación.

En este marco también se crea un diálogo con la tradición, la hibridación de ésta y la creación de nuevas. Y ya no tanto desde una visión patrimonial sino desde una visión de interculturalidad.  

También habláis del papel comunitario de la cocina. ¿Para vosotras en qué forma esta característica puede ayudar a la sociedad? ¿Cómo se puede utilizar este valor a pie de calle?

En un lugar como Barcelona, donde hay tanta riqueza cultural nosotras observamos que a veces la inclusión cultural pasa desapercibida porque lo visible es la cultura dominante. Por esa razón, siempre intentamos acercarnos a las iniciativas populares, a los barrios, a aquellas iniciativas que rescatan ese compartir.

Creemos que los recién llegados a Barcelona tienen mucho que aportar y que a través de estas iniciativas no sólo pueden hacerlo sino también formar parte de la ciudad de una forma más activa.

Luchar contra el desperdicio es también uno de los pilares de vuestro proyecto. ¿Qué os mueve por dentro cuando veis las cantidades descartadas? ¿Cuál pensáis que es la raíz de haber llegado a este punto? ¿creéis que se podría acabar con el desperdicio alimentario?

Realmente es apabullante la cantidad de desperdicio alimentario. También hemos visto que en los últimos años se ha puesto mucho el foco sobre ello, y que, por esa razón, se ha desarrollado una cierta culpabilización a nivel individual.

Al estudiarlo, vimos que donde realmente se generaba más desperdicio era en la cadena de producción. La industria alimentaria funciona como grandes corporaciones que planifican a nivel macro. Es ahí donde se genera la gran merma. Si un año una cadena de supermercados decide que quiere promover más un cultivo que otro, el resto de los cultivos se verán perjudicados sin margen de acción.

Nos gusta poner el foco sobre esto porque aunque es valioso concienciar sobre la responsabilidad individual debemos evitar que nos distraiga de la raíz del problema: una industria con unas dinámicas enormes que no está dispuesta a renunciar a sus beneficios y su forma de hacer.

En vuestro caso existe algún autor/a, conferenciante, libro o película que os inspirase a crear este proyecto? ¿Algún referente clave en vuestros valores?

Hay mucha gente que nos inspira, pero un faro indiscutible de nuestro proyecto es: Sandor Katz. Un fermentador y divulgador estadounidense, que ha recuperado la fermentación. Él se dio cuenta de que había fermentados en prácticamente todo el mundo y empezó a preguntarse por qué la gente fermenta y qué implicaciones tenía fermentar.

La forma en la que él se ha dirigido y llegado al gran público ha servido de inspiración para mucha gente, tanto a un nivel más técnico como en el enfoque antropológico y político que otorga.

A lo largo del tiempo, ¿habéis aprendido algo de los propios participantes que no imaginabais?

Nosotras aprendemos todo el tiempo. Porque cuando la gente se siente autorizada comparte sus conocimientos sin miedo. Y todo el mundo cocina, todo el mundo sabe, todo el mundo tiene un bagaje.

Al revalorizar ese conocimiento puedes aprender en cada taller y de cada persona. Y es mucho más rico ese aprendizaje mutuo que no una charla o seminario unidireccional donde sólo uno comparte sus conocimientos.

A partir de procesos tan sencillos como la fermentación enseñáis el poder de la gente para dar una segunda vida a los restos de alimentos, en muchas ocasiones alimentos que de otra forma quizá se tirarían. Se podría ver como un reflejo de: no hace falta consumir tanto, tenéis más a vuestro alcance de lo que os pensáis. Ante estas ideas, ¿Habéis observado actitudes o patrones que impiden a las personas darse cuenta de ello? ¿Algún tipo de pensamiento limitante que les evite dar el paso a crear más por su cuenta y depender menos de empresas/supermercados factores externos?

Sobre los factores limitantes, por un lado, están las modas relacionadas con la alimentación. Por ejemplo, que de pronto un ingrediente o producto concreto parezca indispensable para mantener una buena salud. Algo muy apropiado para vendernos más cosas, y que la gente participe de esa necesidad de consumir más.

Nosotras defendemos la simplificación y revalorizamos lo casero y sencillo como algo que tiene igualmente calidad, sin gastar grandes sumas de dinero. Es un proceso que además resulta liberador.

El otro limitante sería el “no tengo tiempo”. En muchos casos es cierto y refleja otra forma de precariedad. Sin embargo, en otras ocasiones, no es falta de tiempo sino la percepción global de que lo casero es más complejo y menos valioso, pero no tiene porqué.

Aprovecho que he mencionado la fermentación. Vosotras sois unas grandes maestras. ¿Qué es lo que más os gusta de la fermentación?

¡Gracias por lo de maestras!

Nosotras nos sentimos como investigadoras de la fermentación. Siempre nos enamoramos de nuestros últimos desafíos o de los procesos más innovadores que descubrimos.

Ahora mismo, estamos explorando los quesos y el pan. Los panes de diferentes tipos, con gluten, sin gluten, masa madre. Y la verdad es que cada avance nos apasiona. Podríamos decir que es un mundo interminable.

Mucha Cuchara durante el confinamiento: amasando col en comunidad

¿De dónde nació vuestra pasión por los fermentados? ¿Hacer encurtidos caseros ha sido algo natural para vosotras o hubo un inicio?

Inicialmente no formaba parte de nuestro día a día, más allá de las olivas, que descubrimos tiempo más tarde que era también un proceso de fermentación.

Nos empezamos a interesar por la fermentación por temas de salud, y constituyó un proceso de aprendizaje que nos llevó a descubrir todo el mundo que lo rodea.

¿Qué país dirías que es El País de la Fermentación?

En el libro del arte de la fermentación de Sandor Katz, puedes ver tradición fermentadora en casi todo el mundo.

Tal vez un caso destacable es el Kimchi en Korea por lo extendido que está su uso. Es un plato nacional y todo el mundo sabe hacer, está en todas las mesas.

¿Sino tuvieses limitaciones de ningún tipo, qué sueño gastronómico cumpliríais?

Nos gustaría mucho ir a las residencias de fermentación que organiza Sandor Katz en su casa, en su comunidad agraria en Tennesee y nos gustaría mucho aprender con él. También organizar algo con él aquí en Barcelona.

Si tuvieses que definir el sabor de Mucha Cuchara, ¿cuál sería?

El sabor de cuchara sería el umami, un sabor muy presente en la cocina oriental. Corresponde a unas mezclas de dulce, salado, amargo que consiguen un sabor que te hace salivar.

Muchísimas gracias por vuestro tiempo y gracias por dar lugar a encuentros vecinales y nuevas formas de pensar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.