El otro día, tomando un café con Carme Vinyes, fundadora de la Asociación Amics dels Calls de Catalunya, nos dimos cuenta de que año nuevo estaba a la vuelta de la esquina.

Tranquilos, aunque el tiempo haya pasado como un suspiro en este 2020, no, no nos referíamos al 31 de diciembre. Para ese quedan todavía más de 3 maravillosos meses. Hablábamos de Rosh HaShaná, el año nuevo judío, que en 2020 tendrá lugar del próximo viernes 18 al domingo 20 de septiembre.

Tal y como ocurría en Pésaj, la Pascua judía, la mesa toma especial relevancia y cada elemento relata una historia propia. Tanto es así que el chef y rabino Gil Marks autor de la Enciclopedia de la Cocina Judía afirma que: “No existe otra festividad que contenga más alimentos simbólicos que Rosh Hashana

Así es como damos con los simanim, o alimentos simbólicos, que bien por el significado de su nombre en hebreo o por sus características, otorgan la posibilidad de expresar y materializar los deseos para el año nuevo.

Tzimmes, plato de zanahoria con pasas de Rosh HaShaná por Taste of Home

Entre aquellos que aparecen en escena por la conexión con su nombre hebreo encontramos la remolacha, la zanahoria o la calabaza. Con la remolacha, salka, que comparte raíz con el verbo hebreo “retirarse“, se pide que en el año nuevo nuestros posibles enemigos desaparezcan, retirándose y liberándonos de aquel que no desee nuestro bien y prosperidad. La zanahoria, guézer, tiene que ver con el verbo “decretar“, y sirve para simbolizar que podamos llevar a cabo muchos mandatos positivos. La calabaza, kará, se asocia con “arrancar” aquello que sea negativo y a su vez, a establecer todos aquellos propósitos positivos que esperamos con la zanahoria, sean muy abundantes.

Otros de ellos, más usados por sus características y comunes tanto en casas askenazi como sefardíes son la miel, las manzanas y las granadas. La granada representa el deseo de un año fértil, atribuyendo su simbolismo a la multitud de semillas que la componen. También refleja el propósito de que la cantidad de buenas acciones sean tan abundantes como la cantidad de semillas del fruto.

Por otro lado, encontramos la gran y consolidada tradición de tapúaj biduash. Literalmente significa manzana miel, y aunque la aparición de la manzana data del siglo XII en Francia representando un año nuevo y brillante, untarla en miel es una acción tan extendida que es una imagen icónica en la mayoría de las felicitaciones de año nuevo.

Esta tradición cuenta con la versión iraquí en el que se toma manzana asada con azúcar en lugar de untada en miel, y la tradición yemení que sustituye la manzana por membrillo.

En ocasiones, lo que se unta en miel es el jalá, el clásico pan de Shabbat, esta vez en forma redonda, representando la circularidad del tiempo. Cuando se lleva a cabo con el pan se puede acompañar de las siguientes palabras:

“Que Dios cree levadura en tu alma, para que fermentes y madures, para elevarte hacia tus más altas posibilidades, para alcanzar a tu ser más alto”.

La miel, el azúcar, la dulzura es el componente protagonista en Rosh HaShaná. La razón, tal y como me comentaba Carme, es que en el judaísmo se considera que sea lo que sea que traiga la vida, es designio divino y por lo tanto merecedor de aprecio. No obstante, esta consideración divina no implica la ausencia de episodios amargos. Por esa razón, al desear un año nuevo, se desea a su vez que sea dulce, esperando así que todo aquello que vivamos sea llevadero para el alma.

Otra consideración al respecto es la del sabio Jafetz Jaím, que mencionaba que la dulzura en Rosh HaShaná no sólo representaba buenos augurios, sino también el deseo de que nuestro propio ánimo fuese dulce, dejando de lado el mal humor y el enfado durante el año.

Hoy más que nunca sabiendo que Rosh Hashaná tendrá lugar pocas horas después del inicio de un nuevo confinamiento en Israel, deseemos con fuerza para todos un buen y dulce año nuevo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.