“Tienes que probar a hacer el hummus casero, es lo mejor del mundo.”

¿Identificado nutricurioso?

El hummus se ha convertido en todo un fenómeno en Europa. Un gran responsable de ello ha sido el auge del veganismo que ha encontrado en esta sencilla preparación un nutritivo aliado. No obstante, más allá de su reciente auge e increíble sabor hay algo más que lo hace único.

A lo largo de la historia el género ha entrado también en las cocinas. La relación entre hombres, mujeres y la comida ha dado pie a categorizar alimentos y actos culinarios como masculinos o femeninos. El ejemplo más clásico sobre esta asociación colectiva lo encontramos en la relación casi inherente en la carne y las barbacoas con los hombres y las verduras y el cocinar en el hogar, con las mujeres. Sí que me permitiréis que no entre a profundizar sobre diferencias entre género, sexo e identidad y que en la temática de hoy nos centremos en este binomio desde la perspectiva de lo que las personas hacen sin entrar en clasificar lo que son.

“Real men don’t eat quiche” by Bruce Feirstein – Ilustración de mayo de 1982

Cómo os decía el caso del hummus es peculiar e icónico en muchos sentidos. Mientras en países como España ser hombre vegano, y por lo tanto gran consumidor de verduras y legumbres, sigue siendo motivo de mofa, el hummus en Israel llega a tal simbolización masculina que se pueden encontrar fácilmente cuentas sociales donde muestran hombres corpulentos tomando hummus. (Sí, para curiosos os dejo su link al final)

E inevitablemente la pregunta surge, en qué forma una elaboración cien por cien vegetal hecha a base de hummus, tahini y limón ha llegado a tener tal connotación?

Por un lado, encontramos las representativas hummusiyot, un tipo de restaurante básico donde se elabora hummus a demanda y se acompaña de pickles y ensalada. Estos locales se caracterizan por su decoración austera. Mesas y sillas sencillas, casi siempre de madera, paredes lisas y con poca o ninguna ornamentación. El servicio en este tipo de restaurante es rápido y masivo, nadie espera de ti que te tomes el café de sobremesa ocupando una de las mesas. Y es sin lugar a dudas un referente en la historia del hummus y su consumo.

Ali Karwan – Abu Hassan  hummusiya en Old Jaffa – Israel

Ahora bien, ¿a quién encontramos mayoritariamente en estos locales? A hombres. Tanto regentándolos como entre la clientela. Una posible explicación a este suceso sería que a principios del siglo pasado estos lugares representaban una respuesta rápidabarata y simple para alimentar a los trabajadores, que eran en su mayoría hombres. Además, es curioso contrastar que en la actualidad no sólo los hombres siguen siendo los principales clientes, sino que de hecho consumen mucho más hummus en estos establecimientos que en su propio hogar.

Por su lado, si bien es cierto que las mujeres acuden a estos establecimientos lo hacen en menor medida y generalmente acompañando a hombres. También se diferencian en que ellas toman más hummus en casa que en establecimientos o hummusiyot y no sólo eso sino que incluso lo hacen de forma diferente.

Amigos en una clásica “hummusiya” – Tel Aviv

Tal y como explica en el artículo Dafna Hirsch ellas suelen untarlo en el pan, una característica asociada más a la maternidad y el cuidado (elaboración de sándwiches y comida para terceros) en lugar de la forma en la que lo consumen los hombres que es dippeando el pan de pita directamente en el hummus.

Existen otras posibles explicaciones para esta conexión entre masculinidad, hummus y hombres israelíes. Una de ellas, que la propia relación conceptual entre árabe y masculinidad, diese lugar a que los hombres israelíes encontrasen en el consumo de hummus una cercanía a su connotación de fuerza y autenticidad. Convirtiéndose de este modo en todo un símbolo de masculinidad a su vez inspirada en un concepto previo.

Y lo cierto es que sobre hummus podríamos hablar horas y horas. ¿Cómo se ha convertido en un entrante chic y saludable en Europa? ¿Por qué se encuentra en cualquier restaurante de moda en las principales ciudades? ¿Y su ambiguo origen dónde nos llevaría? ¿Siria, Turquía o Egipto? ¿Puede que simultáneamente a más de un lugar? ¿Es hijo heredero y símbolo de una tradición y sociedad entera? ¿Les importaría ese dato a sus occidentales consumidores?

Son muchas las páginas que le podríamos dedicar, pero si hay algo todavía mejor que podemos hacer con y por él, es disfrutarlo en cualquiera de sus formas y en cualquiera de las múltiples buenas compañías que se forman en torno a él.

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