El pasado 4 de marzo fue el Día Internacional de la Obesidad. El objetivo de dedicarle una fecha en el calendario es alentar a las personas a combatirla. A evitarla a toda costa.

La relación entre obesidad y un largo listado de enfermedades, diabetes, síndrome metabólico, según que tipos de cáncer, parece razón suficiente para hacerlo. Ahora bien, ¿es realmente necesario hablar en términos de batalla? ¿Es la obesidad un objetivo que no merece ningún tipo de misericordia?

¿Obesidad un mal a abatir o un rasgo pendiente de aceptación?

Cuántas veces os han recomendado comer saludable y hacer deporte tres veces por semana para manteneros en forma. Y cuántas veces la inconsistencia del consejo y los otros cientos de factores involucrados se han interpuesto entre vuestro estado en forma y vuestro estado sin forma.

Algunos de esos factores ni siquiera son intuitivos. Por ejemplo, la influencia del nivel socioeconómico, del marketing alimentario o la tradición cultural. Además de las diferencias fisiológicas que conllevan a una síntesis, uso y distribución de la grasa corporal muy diferente entre unas personas y otras. Y consecuentemente, a que la generalización de: alimentación saludable y ejercicio moderado, no dé los mismos resultados en todo el mundo.

Todo ello no hace más que recordarnos que la obesidad no tiene una causa única y que por esa razón se convierte en un fenómeno en el que diferentes disciplinas e intereses se ven involucrados.

Body positivity, ¿efectos secundarios para la salud?

Hoy, le dedico una reflexión a dos de los personajes que aparecen en este escenario: los detractores y los defensores del body positivity.

El término body positivity hace referencia al proceso de aceptación de uno mismo con todas sus virtudes y defectos. La obesidad la encontramos en la categoría de defectos, junto a cicatrices, estrías y demás asimetrías.

Mientras los defensores del body positivity aluden a la importancia de aceptar, elogiar y venerar un cuerpo obeso asegurando el bienestar emocional y mental de la persona, los detractores ven en esta filosofía un peligro para la salud. Consideran que alabar el sobrepeso contribuye a que se pierda de vista los peligros que comporta para la salud e incluso puede inducir a la búsqueda de la obesidad como un estado deseable.

Para poder arrojar algo de luz sobre si es contraproducente promover la aceptación y admiración del cuerpo obeso, imaginemos un supuesto.

Sole es una mujer de unos 35 años, criada en un país occidental y desarrollado. Nació por cesárea, que resulta ser un factor que determina una composición microbiana asociada a la obesidad. Por otro lado, sus padres son obesos y mientras ella vivó con ellos era costumbre cenar pan con fiambre, porque ellos llegaban tarde de trabajar y eran pocas las ocasiones en las que hacían comida casera. Una vez independizada y encarando el reto de aprender a comer saludable descubrió que no sólo su paladar encontraba poco sabrosa la comida que estaba probando, sino que además, la comida que trataba de dejar atrás era en muchas ocasiones su refugio.

Es el cúmulo de todas estas razones por las que Sole ha llegado a la edad adulta con obesidad. Tener obesidad ha provocado que se enfrentase a la exclusión y rechazo social durante gran parte de su vida, así como menores oportunidades laborales.

Con esta experiencia vital a cuestas Sole ha desarrollado una concepción completamente negativa de su cuerpo, al que rechaza y del que se siente prisionera comprobando lo difícil que le resulta cambiarlo. A ello se le suma que nadie responsabiliza a nada ni nadie más por su obesidad que a ella misma.

Es en este panorama donde entra en juego el body positivity promoviendo que a sus 35 años y a tenor de que los cambios de peso requieren tiempo, paciencia, auto-conocimiento y muchas fases de prueba y error, Sole debe amarse, encontrar en su cuerpo un aliado y no un enemigo, y disfrutar de sí misma y sus procesos, sin culpa y sin castigos.

Y me pregunto, ¿Cómo de peligroso puede ser para la sociedad que esta parte de la población pase a tener una actitud pro-activa de alta estima y seguridad en sí mismas, en lugar de seguir actuando bajo la inseguridad creada por el rechazo y la culpa por ser exactamente quiénes son y lo que son?

Aún y siendo posible que este movimiento llegase a influir en que la población persiguiese un ideal de belleza obeso, no sería igualmente mucho mejor, una población escogiendo por sí misma lo que quiere, sea considerado mejor o peor para su salud, que una destinada a un estado que no busca, ni desea y que se les enseña a odiar y despreciar?

2 comentarios

  1. Una publicación magnifica, he descubierto que nacer por cesárea está relacionado con la obesidad. Reconozco que alguna vez me han preguntado por el tipo de parto de mi madre, pero desconocía el motivo.
    Muy interesante el artículo de Marc Casanovas.

    Espero el siguiente

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