ARTÍCULOS

BOURDAIN, DE SU LIBRO Y SU NO LIBRO

La pasada semana Marc Casanovas escribía para La Vanguardia el artículo: «¿El mundo necesitaba el último libro inacabado de Bourdain?» acerca del último libro de Bourdain: “World Travel: An Irreverent Guide.

Marc explora con sutileza y profundidad el camino de esta pieza inacabada que finalmente completó Laurie Woolever.

Ahonda en el espíritu del conocido chef, y el dilema interno de un espíritu salvaje que enfrenta las consecuencias de la fama, de la expectativa, de la transformación de la genuino a manos de la masificación.

“No es opinión lo que viene a continuación: Bourdain dejó constancia en más de una ocasión de su pánico atroz a recomendar restaurantes con nombres propios y direcciones exactas. El “efecto Bourdain” lo llamaba su equipo de colaboradores poniendo el dedo en la llaga. Como en una distopía de ciencia ficción, un lugar X perdía su esencia poco después de que Boudain verbalizara su nombre en voz alta” – Marc Casanovas

¿Qué viajero no se ha encontrado en una tesitura similar? ¿Qué viajero no ha encontrado un rincón virgen, casi inexplorado, y tenido el impulso de compartirlo? ¿Qué viajero no se ha arrepentido y habría deseado haber guardado el secreto para siempre?

En el artículo, el autor va un paso más allá moviéndose alrededor de las preguntas abiertas, los retos que un proyecto semi fantasma como este podía enfrentar.

Porque por irreverente que el título del libro pronostique que será la guía, ¿se puede escribir una guía gastronómica sin mencionar miles de nombres propios? ¿Se puede diseñar un atlas del mundo bajo el prisma de un chef célebre sin sus nombres comunes favoritos? Y en definitiva, ¿se puede hacer un libro de Bourdain sin Bourdain?” – Marc Casanovas 

No dejéis de leerlo al completo, el final es mucho más que un broche de oro, es en toda probabilidad, la misma esencia de Bourdain y de todos los que hemos amado el mundo tal y como era, sin filtros, sin grandezas, sin escaparates, tan sólo humo, fritura y el sudor de la gente.

EL VALOR DE UN RECETARIO

Así mismo, a lo largo de estos días, en The Foodies Studies compartían el artículo “El valor de un recetario” escrito por Isabel Torres Siller.

En él, la autora se hunde entre las páginas de un recetario familiar. Páginas en blanco, recortes de productos y sobre todo, un pedacito de la propietaria del recetario:

“Para mí es importante que su gazpacho, su sopa de pescado con fideos y sus patatas fritas con huevo permanezcan para sentir a Fina siempre cerca.”

Por que los recetarios son fragmentos de historia, son encuentros, fotografías caligráficas de las circunstancias. Una forma perenne de sentarse a comer con todos aquellos que amamos.

En mis primeras noches en Israel, una amistad recién hecha me acogió en su hogar. Allí, la madre me invitó a preparar ptitim y schnitzel. Fui corriendo a por papel y bolígrafo para no perderme nada, ni uno sólo de los que entonces, me parecían nombres muy difíciles de recordar. Enseguida me miró, y me dijo: “ahora deja ese papel y ese boli, quiero que estés aquí, que lo repitas junto a mí con tus propias manos”. Rebocé el schnitzel, herví el ptitim y preparé ensalada a base de pepino y tomate. Mientras ella ponía la mesa, aproveché para tomar nota de todo y repasar los pasos.

Al sentarnos a comer, me dio las gracias, “Sabes, hace 30 años, yo estaba recién casada y quería aprender a cocinar. Me senté entonces en la cocina junto a mi madre, con papel y bolígrafo, como tú has hecho, y traté de empaparme de todo cuanto pudiese. Ella murió al cabo de pocos meses. No me había dado tiempo a aprender mucho. Sin embargo, cada vez que entraba en la cocina y preparaba alguna de sus recetas, sentía que ella estaba junto a mí, guiándome en el ajuste de sal, de especias. Sentía su presencia inundar la cocina”

Por que al fin y al cabo, los recetarios, como dice Isabel, son:

Una forma muy humana de aferrarnos a quienes nos han alimentado, a quienes nos han querido»

 

 

Desde @antroposabores despedían a Nelson Méndez fallecido el 5 de mayo, profesor jubilado de la Universidad Central de Venezuela e investigador que incursionó en el mundo de la Alimentación y la Cultura dejando obras como: “Gastronomía y Anarquismo, la utopía intensa de unir fogones, barricadas, placer y libertad”.
Las más sinceras condolencias.

 

LA FRASE

LOS BARES DE CARRETERA SON NO-SITIOS

En algún momento de la semana, leí esta frase: “los bares de carretera son no-sitios, lugares desprovistos de alma”. No logro encontrar el autor ni el artículo completo. Sin embargo, las palabras me quedaron grabadas.

Hay pocos lugares que me gusten más que los restaurantes de carretera. Por descontado, no es el tipo de comida, ni el diseño frío y distante de sus comedores lo que me atrae sino la historia que ocurre a cada minuto.

Los gestos, las necesidades hermanas de quienes llevan horas en la carretera: músculos atrofiados, ojos ligeramente hinchados, cuellos rígidos encontrándose con la posibilidad repentina y fortuita de expansión y movimiento. El cansancio compartido que encuentra placer y felicidad en el mejorable café y el pedazo de bollería que le acompaña.

Incluso en ocasiones, cuentan con mesas exteriores sobre el césped, donde estirar bien las piernas, desabrocharnos los zapatos y tomar el bocadillo ya preparado acompañado de un infalible y siempre presente tentempié salado. Sí, esa bolsa de patatas que pagamos dos veces más cara y consumimos con el doble de gozo.

Sin lugar a duda, los bares de carretera no están destinados a ser lugares familiares, de alta gastronomía y bonitos salones. A pesar de ello, nada tienen que ver con los no-sitios. De no tener sustancia no daría lugar a todas esas miradas compartidas entre coches, al cigarrillo, al tienes fuego, al hacia dónde vais y de dónde venís, al placer de los detalles y el buen litro de agua fría en un mediodía de verano a 35ºC sobre el asfalto.

Un bar de carretera es definitivamente un sitio; el de la gastronomía de supervivencia, del azúcar, la cafeína, la grasa, las mayonesas pasadas, las bebidas con gas, el empujón necesario para continuar el viaje.

 

GASTRO CURIOSIDADES

ALEMANES, JUDÍOS Y DULCES

 

En mi último paseo por Twitter encontré una nueva historia de dulces judío-alemanes.

Se trata de los schnecken, un tipo de bollería a base de harina, canela y pasas, que estaba muy extendida entre alemanes y residentes del imperio astrohúngaro y de la que los judíos se volvieron expertos pasteleros.

Tanto fue así, que al emigrar hacia Estados Unidos llevaron con ellos la receta convirtiéndose en la precursora de los sticky buns, un tipo de rollitos de canela. 

Inevitablemente, al leer sobre ellos, recordé mi propio encuentro con las berlinesas alemanas y los sufganiot israelíes y la primera vez que le dije a un austríaco que en la carta había schnitzel israelí. Lo que sucedió a continuación, dejo que lo descubráis vosotros mismos.

GASTRONOMIA Y DISEÑO

LA GUSTATORIA

A través de mi encuentro semanal con la fotografía gastronómica, descubrí entre otros un ingenioso invento del que hablaba Elsa Yranzo: la GUSTATORIA.

Tal y como lo describía Elsa, “se trata de una funda electro estimuladora de las papilas gustativas adaptables a cualquier cuchara. Regenera las células sensoriales evitando la pérdida del sentido del gusto.

La creación es obra de @tonijmz y se expuso en el @foodture.barcelona. Más allá del diseño visionario tiene una clara aplicación: evitar los efectos del envejecimiento. Las papilas gustativas empiezan a perderse a partir de los 60 años, así que, al evitar la pérdida del gusto gracias a la GUSTATORIA podría evitarse el uso excesivo de sal y azúcar en la tercera edad.

Leer sobre ello me recordó a un episodio muy dulce. Una buena amiga mía pasó gran parte de sus 20 años evitando la sal. Su abuela había ido a vivir con ellos, y en calidad de apoyo, la familia al completo decidió dejar de tomarla.

Sin embargo,  empezó a ocurrir algo extraño. De vez en cuando encontraban restos de sal en los lugares más insospechados. En el pasillo, en la esquina del comedor e incluso en el baño. Al principio, creyeron que debía ser el padre. Panadero de oficio, llegaba después de trabajar toda la noche, y seguro que al cambiarse había ido perdiendo restos de harina y sal por la casa sin haberse dado cuenta. 

No fue hasta un par de días más tarde, cuando mi amiga descubrió que era nada más y nada menos la sal que la abuela había estado guardando en sus bolsillos. Durante todo este tiempo la había utilizado para condimentar la comida a escondidas. Con el paso del tiempo, la tela se fue desgastando dando lugar a la pérdida de su preciado mineral.

Si bien GUSTATORIA podrá a ayudar a ancianos a disfrutar de todo el sabor, no podrá evitar la costumbre, anclada en un lugar mucho más profundo que el paladar. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.