Mustafa D, 29 años, vive actualmente en Maastricht, nació y creció en Canovellas, Cataluña.

Mustafa es mestizo. Con ambos padres nacidos en Casamance, Senegal, no es el color de su piel, o el de sus ojos lo que ayuda a adivinarlo sino su acento, su perfecto catalán, su facilidad para aprender idiomas y alguno de los platos con los que soñaba de pequeño.

Como tantos otros, Mustafa es un claro ejemplo de mestizo cultural. Aquel que de niño reclamaba la merienda en mandinga al son de «konko benna» mientras miraba escaparates repletos de Monas de Pascua.

Con él he podido disfrutar de una conversación entre melindros, arroz con mafé y pa amb tomàquet.

¿Con qué cultura te identificas? 

Más catalán que senegalés, sin llegar a ser catalán.

 

¿Qué quiere decir no llegar a ser catalán?

Que no he llegado a ser parte realmente de Cataluña. Nunca he estado involucrado en las tradiciones y festividades catalanas. Por ejemplo, cuando era niño recuerdo caminar por la calle y ver como las pastelerías se llenaban de Monas, unos pasteles con una pinta deliciosa. Los días pasaban, y yo las miraba desde el escaparate, sabiendo que de nuevo, pasaría otro año sin probarlas.

A excepción de Sant Jordi, día que siempre he celebrado y disfruto muchísimo, las tradiciones relacionadas con la cultura catalana o de fundamento religioso, quedaban fuera de mi vida.

 

¿Cuáles son las celebraciones que vivías?

Mi familia es musulmana, así que yo siempre he celebrado el Ramadán, la fiesta del cordero. Nunca la mona o las navidades como las celebraban el resto de mis compañeros.

Incluso recuerdo que el día de la Fiesta del Cordero, solía faltar a clase. Eso era un gran problema, sobre todo en aquel entonces que en todo el curso tal vez éramos sólo un par de musulmanes. 

 
«Sentarse a comer con los adultos significaba ser capaz de entablar conversaciones de adultos»

 

 
¿Cuál es el primer recuerdo que asocias a la cocina?

Lo primero que he pensado ha sido la primera vez que comí del bol grande con los hombres. Verás, mi familia solía juntarse cada domingo en comunidad con otras familias senegalesas para seguir ligados a sus orígenes y plantear proyectos juntos. En esas ocasiones siempre había un mismo ritual, los hombres adultos comían todos de un bol grande y las mujeres y los niños comíamos de otro bol.

Al principio, como un niño que era, tan sólo pensaba “tengo hambre, yo también quiero comer del bol grande”. Era un pensamiento simple.

Sin embargo, lo cierto es que la primera vez que me pude sentar con los hombres, me hizo sentir especial. Entendí que podía hacerlo porque había alcanzado un mayor grado de madurez. Sentarse a comer con los adultos significaba ser capaz de entablar conversaciones de adultos.

 

¿Y cómo te sientes respecto al hecho de que mujeres y niños se sentasen separados?

Está claro que no me siento cómodo con esa idea. Sé que muchas tradiciones se llevan a cabo por la simple razón de serlo.

Yo ahora vivo mi vida en Holanda de forma independiente. Ellos siguen llevando a cabo estas reuniones en Cataluña de la misma forma: las mujeres preparan la comida y cocinan juntas, socializan. Mientras tanto los hombres hablan sobre nuevos proyectos que afectan a toda la comunidad.

Es inevitable que me replantee porqué no cambian. Yo necesito entender porque hago lo que hago, y en caso de no estar de acuerdo, tener la opción de no hacerlo. Quiero tener mi voz. Así que por supuesto, preferiría que las mujeres también participasen de esas conversaciones que les afectan como parte de la comunidad.

 

¿Por otro lado, qué es lo que más valoras de la cultura senegalesa?

La familiaridad. Anteponer la familia y no juzgar a la gente.

Sobre el papel tan importante que tiene para nosotros la familia y la comunidad entiendo que es natural. Cuando formas parte de una familia de inmigrantes acostumbras a estar rodeado de una cultura diferente a la tuya. Y mientras lo diferente choca, lo parecido se aprecia y se cuida doblemente.

¿Y algún recuerdo en especial de la catalana?

Lo bien acogido que me sentí. En ciertas ocasiones, debido al movimiento independentista, encontré mucha solidaridad y fraternidad. La gente que me rodeaba sabía lo que era sentirse rechazada única y exclusivamente por tener una cultura diferente.

 

¿Cuál es tú primer recuerdo con comida catalana?

Diría el pa amb tomàquet (ríe), no, ya sé, els melindros amb xocolata. Para mí en casa era común tomar chocolate tipo untable, pero deshecho y con algo como melindros, nunca.

 

Muchísimas gracias por compartirlo conmigo hoy Mustafa. 

Tranquila, estoy contento de ayudarte. Ah, y por cierto, no te he contado algo, ahora soy semi vegano.

RECETA DE MAFÉ SENEGALÉS

Enviada por la hermana de Mustafa

Ingredientes

Elaboración

1

En primer lugar, trituramos la manteca de cacahuete con agua en la olla. La cantidad de agua dependerá de cuán espesa quieras la salsa. En general, el ratio es una cucharada de manteca por dos vasos de agua. 

2

 Mezclamos hasta que sea uniforme, añadimos el pollo o la carne y lo ponemos al fuego.

3

Mientras tanto, cortaremos la cebolla y el ajo, y los machacaremos junto a la pastilla de caldo en un mortero. 

4

Una vez el agua esté hirviendo – vigilando que no llegue a salir la espuma por los bordes – introduces la cebolla y el ajo dentro.

5

Dejaremos cocer durante dos minutos y añadiremos el tomate concentrado. 

6

Una vez la cantidad de agua empiece a disminuir, añadiremos el okra. En caso de no tener en polvo, podemos añadir okra cortada en pequeños trozos.

7

Con la ayuda de un cucharón, vamos removiendo constantemente, sabremos que está listo cuando la salsa esté espesa.

8

Servir con arroz.

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