En ciertas ocasiones, resulta mucho más fácil entender un concepto desde su carencia. Imaginar un mundo sin ello nos muestra las dimensiones de su importancia y hasta qué punto esa faceta es intrínseca a la misma existencia. Eso es precisamente lo que ocurre con la identidad

La sola idea de un mundo en que nada, ni nadie, gozase de una identidad propia se convertiría en una continua sensación de vivir en lo ajeno. Pensad en ello por un momento, un día a día en un mundo sin identidades. 

Despertaríais, bajaríais al café de la esquina, y en lugar de encontraros con el acostumbrado recibimiento cálido del camarero: “café con leche corto de café y sacarina, marchando”; llegaríais a un lugar del que no sabríais que esperar, ni sabrían qué ofreceros

Sin embargo, tras el primer momento de extrañeza, os lanzaríais a mirar la carta embargados por la emoción de la novedad: Kimchi, gogui gui, bibimbap y para beber kéfir y soju

Está bien, esto no lo esperabáis, no tenéis ni idea de lo que es cada plato. Aún así, arriesgáis pidiendo el kimchi y soju. El resultado es una incómoda acidez estomacal sobrellevada con mucha dignidad. 

Al llegar la hora de comer, se repetiría una circunstancia similar. En lugar del clásico menú de 12 euros del restaurante de debajo de la oficina, volveríais a encontraros en un lugar sin saber qué esperar. La mayor diferencia es que tras media jornada la emoción por el descubrimiento habría menguado dando paso al cansancio. Aún así, con el pequeño atisbo restante, volveríais a lanzaros. Esta vez tomaríais aspic y kiluvoileb acompañado de un vaso de ginger beer. El resultado? Un mejunge demasiado gelatinoso para vuestro gusto, si es que a caso tuvieseis “uno”.

Al acabar la jornada, volverías a casa, sí a casa, allí dónde siempre te sientes seguro y sabes lo que encontrarás. Sin embargo, en este mundo sin identidad, ni siquiera sabrías que es casa para ti, ni reconocerías el sentimiento de llegada. Sin identidad, no hay un sitio al que volver, ni una preferencia, ni un rasgo particular. No hay nada que indique que ese sea tu lugar o que tú pertenezcas a él

Tal es la magnitud de la identidad.

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