Empresas como Menu Diet o Food in the box en Madrid, plantean un servicio de compra semanal asociada a un menú saludable elaborado por nutricionistas. Este sistema ahorra tiempo de compra y de planificación al consumidor sin renunciar a promover la cocina.

Empezando por las primeras objeciones puede que a los amantes de los mercados y la cocina esto suene a absoluta blasfemia.  Recuerdo hace unos años que mi momento favorito del día, era parar a comprar fruta y hortalizas en una pequeña verdulería de camino a casa después del gimnasio.

Hay algo especial en poder escoger por ti mismo la fruta y la verdura. En olerla, en tomar a veces las más marchitas porque sabes que sólo son golpes del viaje que no cambiarán su sabor. En recordar el consejo de un cocinero indio, diciéndote que la patata debía ser siempre del tamaño de un puño. Ni más grande ni más pequeña. Mirarte las que acabas de escoger y pensar que estaría orgulloso de ti.

Sí, definitivamente escoger es una valiosa parte del proceso. 

El otro punto clave es que un servicio como este no se la puede jugar enviándote frutas u hortalizas que no luzcan perfectas. Necesitan ganarse la confianza de quién compra. Así que apuestan porque el producto sea de la mejor calidad posible, apostando en la mayoría de ocasiones por el producto ecológico.

Que a veces son ecológicos y lejanos. Y activan el debate de si es mejor cercano y no ecológico o lejano y ecológico. Moviéndonos constantemente en la franja de mal menor y mal mayor. Sin contar con la duda acerca de si ese cultivo actúa bajo las reglas de lo ecológico. Algo sobre lo que Olivia, ex propietaria de un café y tienda ecológica, afirmaba:  “Hay un momento en que debes poner confianza en la cadena, es imposible comprobar uno por uno los proveedores, si cuentan con el certificado debes aprender a confiar que cumplen con lo especificado. 

Es cierto. Hay un momento en que necesitamos confiar. Tal vez de la misma forma en que necesitamos confiar en que si ciertas tendencias están en auge es porque así lo requiere esta fase madurativa de la sociedad. Puede que la humanidad esté en una fase juvenil, en la que tiene tanta energía para llevar a cabo miles de proyectos que no puede detenerse a comprar apaciblemente en el mercado.  Que aún así no renuncie a tratar de hacerlo lo mejor posible, y por eso apueste por estas opciones.

Y sabéis, debemos confiar en ella, en qué sacará buen provecho de esa energía y tiempo, y de que llegará a su jubilación volviendo a los mercados y satisfecha por el camino recorrido. 

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