Los abuelos gallegos no bebían vino en copa. Los abuelos gallegos, en tiempos de marinero, acudían a la taberna a beber en taza, en cunca, con el resto de los hombres. 

“Y no te creas, cuando yo tenía la edad de empezar a beber, se me caía el vino por todos lados. La taza, tan ancha, tan aplanada, y yo, con el bigote. No es fácil beber vino en taza, no, no lo es” - un entrañable vecino coruñés.

En la ciudad de Hércules e Inditex, aguarda tras una fachada tan roja como viva, en plena plaza del humor, uno de los rincones dónde todavía se puede tomar una cunca de vino. 

Se trata de, A cunquiña, una tasca donde los barriles hacen las veces de mesa y los pinchos de tortilla y empanada, viven en un continuo ir y venir, de la barra a la terraza, de la terraza a la barra. 

Las altísimas paredes, el rojo sanguíneo, el ardid de laurel, las felicitaciones, los cartones, la red de pescar, las panderetas, los retratos de la torre, de A Coruña y del mar crean una quimera junto al vino de barril, la televisión de pantalla plana y los visitantes curiosos. 

La mayoría de las tazas son chatas, pequeñas, anchas y blancas. Sin embargo, hay un reducto, donde el blanco queda reducido a los bordes, el centro de la cunca es estallido de figuras, añil, palabras, ocre. Cuelgan en filas. Junto a cada una, hay un nombre. Manuel, Roberto, Andrés. 

Son las tazas de los clientes habituales. Cada día Manuel toma su propia taza. Por setenta céntimos, la llena de vino blanco y la acompaña de una tapa. El vino se sirve con una jarra de cerámica blanca. Nada de botellas de cristal, ni de etiquetas llamativas. 

Vino blanco Ribeiro en Taza y empanada de bonito, A cunquiña

Dicen que la tradición está perdida, y los más optimistas, que se está perdiendo. Dicen, que beber vino en taza es sólo para mayores. Aquellos que en la cunca encuentran recuerdos de marineros y de épocas en que el único vino al que se podía acceder era el de barril. 

Algunos se niegan a aceptar que el destino del vino sean copas caras en locales oscuros. Y celebran el día de Santa Cunca. Una jornada de reivindicación del vino a la taza, porque tal y cómo decía su presidente, Sarandeses, para el diario Quincemil:  

«Si las grandes bodegas gallegas y los prestigiosos sumilleres están de acuerdo en que un buen vino debe transmitir emoción, creemos que deberían tener en cuenta que no cabe más emoción que saber que estás bebiendo el vino como lo bebían tus padres o tus abuelos». 

 

 

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